jueves, 27 de enero de 2011

Si pongo un circo...

... me crecen los enanos. Es la ley de Murphy: empiezas una dieta y los amigos organizan una cena, en la oficina traen unos pastelillos o te estresas tanto que como no te tomes dos copas de vino te echas a llorar. En fin, los hados se conjuran y te hacen la vida-dieta imposible. En esta mi segunda intentona, hoy he pasado por uno de los departamentos de mi trabajo que habían abierto una caja de galletas (de esas de mantequilla, claro) y luego una compañera de otro departamento me ha acercado unos hojaldres. No sé si cuando tomas la decisión te aparece un cartel rojo en la frente con la leyenda “Estoy preparada para caer en la tentación”, pero el caso es que es dificilísimo mantenerse firme. Lo reconozco, he tomado una galleta y medio hojaldre. Pues sí. Qué ricos. Y sigo con la verdurita al vapor para cenar. Llevo cuatro días (en mi segundo intento) y seguiré con ello todo lo que pueda.
La idea es ir añadiendo ingredientes para el adelgace poco a poco. Una vez que me asegure que aguanto con las primeras premisas (ni pan, ni patatas, ni alcohol; y cena de verduritas al vapor) sin que me entre la depre o sienta compasión de mi misma, ampliaré las restricciones y añadiré gasto calórico, es decir, ejercicio. Me he propuesto salir a caminar 20 minutos mínimo, a la hora de comer. Sin prisa pero sin pausa. Ya lo iba a hacer la semana pasada, pero (¡oh, Murphy!) vino una ola de frío polar a truncar mis buenas intenciones. Y que no se va. Dicen que a partir del domingo. Si es así, el lunes añadiré el paseo. Y seguiré contando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario