lunes, 24 de enero de 2011

Ahora sí

Iba a empezar este blog el uno de enero, coincidiendo con el inicio de esos buenos deseos para el nuevo año expresados fervientemente con una copa de cava en la mano mientras suenan las doce campanadas. Cambio de año, cambio de vida. A lo largo del tiempo he ido reduciendo los deseos hasta quedarme con uno, el único, el no conseguido jamás: adelgazar. Esta vez sí, esta vez es la buena. Así lo creí, ya que se conjuntaban varios factores que lo hacían posible. El más importante, mi próximo cumpleaños a cinco meses vista en el que caerá la nada desdeñable cifra de 50. Medio siglo, ¿la mitad de mi vida? Este es el momento, me dije.
Llegada a esta edad, una ya sabe todo lo que tiene que saber sobre las dietas. Sobre todo porque ha empezado en la adolescencia. Entonces inducida por mi padre, que adoraba a las mujeres flacas y huesudas. Miro las fotos de entonces y quién me diera ahora esas proporciones, esos dos o tres kilos de más. No estaba gorda, ni de lejos, pero mi padre quería que yo estuviera flaca (algo que con el tiempo he descubierto que es harto imposible, por mi estructura ósea, por mi forma del cuerpo). Y al médico que me llevó. Un médico amigo que me hizo mi primera dieta, aburridísima. Y me recetó las primeras pastillas milagrosas, anfetaminas.
Entre una y otras supongo que perdí kilos, pero en plena ebullición de hormonas lo que hice inmediatamente después fue coger algunos más. Y empezar la carrera de la báscula, de las dietas, de la búsqueda del ideal físico de otros. Yo no estaba descontenta con mi cuerpo, sólo en la medida en que otros lo estaban. Y así ha sido hasta este último año.
Por razones que se me escapan, 2010 ha sido el año de tomar conciencia de mi misma. De mirarme y decidir yo cómo quiero verme. Claro que no ha sido en 2010 de repente, esto viene de un proceso más largo del que habrá tiempo de hablar.
El caso es, para terminar, que quería escribir el blog y lo he ido retrasando. Mientras, he seguido sin apenas esfuerzo mi propia dieta (básicamente no pan, no patatas fritas y no alcohol, y cenar verduras al vapor) y ya empezaba a disfrutar de sus resultados. Hasta el viernes 21 de enero en que una sucesión de disgustos laborales, quizá también el frío y hasta el peso de tres semanas enteras de privación, me llevaron de nuevo a la botella de rioja, la bolsa de patatas fritas, la barra de pan con foie y el helado de postre. Un viernes noche tremendo llevó a un sábado demoledor y a un domingo de consuelo en modus chocolate. Resumiendo, un fin de semana echada a perder.
Así que me he levantado este lunes y he resuelto que ahora sí. Y en mi cabeza ha aparecido el nombre de este blog, que llevaba tres semanas buscando. Ahora sí.
Empezamos de cero: ni pan, ni patatas fritas, ni alcohol.
Mañana más. Os contaré mi dieta y mis propósitos. No soy un gurú, no soy endocrina, pero algo de conocimiento si me adjudico tras más de tres décadas a dieta(s). Como todas, ¿verdad? Hablaremos también sobre ello. Y sobre lo que queráis.

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