martes, 1 de febrero de 2011

Para mi

Antes de seguir, conviene establecer las únicas bases posibles para una buena dieta: hambre y ejercicio. Vale, sí, comer menos y quemar más. Como se quiera. Pero lo que está claro es que sin una restricción calórica (en cristiano, pasar hambre) no hay adelgazamiento posible. Incluso sin hacer ejercicio, comer menos hace posible adelgazar. A las huelgas de hambre me remito. Lo que no se puede, de ninguna manera, es comer de más y perder peso.
Así que no hay otra. Y para poder comer menos, lo que es imprescindible es mentalizarse. Hablo por propia experiencia. de nada sirve acometer un régimen, cualquiera, si antes no se ha realizado una profunda reflexión sobre una misma y lo que se desea. Yo me he pasado el último año y pico analizándome y cambiando muchos conceptos erróneos sobre mi misma antes de emprender esta (espero) última dieta. No digo que haya que estar un año conociéndose a una misma antes de empezar a hacer régimen. Esto lo he hecho yo, pero cada persona es única y sólo ella sabe lo que necesita. Se me echarán encima los médicos, los que viven de entregarte un papelito fotocopiado con el mismo aburrimiento de siempre de 100 gramos de pollo a la plancha y 200 de judías verdes, sin aliño. No, no y no.
¿Quieres adelgazar? Mírate al espejo. ¿De veras quieres adelgazar? Pues lo primero, quiérete y destierra de tu vida el NO y cámbialo por un SÍ.
Yo comencé pensando que ya era mayor para preocuparme por mi tipo. Pero, ¿cuándo se es mayor? Nunca es tarde para cambiar, para dar un giro a tu vida, para reinventarse. Sí, parece un titular de una revista femenina, pero es así. Nunca es tarde para casi nada.
Mírate, conócete y decide qué es lo que quieres. En mi caso, perder tres tallas de ropa. En kilos, no sé, porque lo que a mi me amarga es entrar en Zara y no poderme comprar nada. ¿Y cómo quiero perder esas tallas? Como todas, sin sufrir. Es imposible. Hay que sufrir y yo he elegido hacerlo lo menos posible, por lo que me toca adelgazar despacio. Me he hecho mi propia dieta, la que yo puedo llevar, la que me cuesta pero no tanto, la mía. Para ello ha habido decenas de intentos de otras dietas, rápidas, lentas, de médicos, de libros, de revistas, de amigas, de proteínas, de vitaminas... También como todas habréis hecho. Hasta llegar aquí, a este punto 2011, ha habido muchos fracasos y mucho rebote: kilos de más y de más que se han ido acumulando hasta hacerme lo que soy. La que no me gusto. Y eso es lo que voy a cambiar, voy a gustarme. No quiero ser delgada, me gusta tener unos kilillos de más, pero quiero gustarme. A mi. Y de eso, del gustarse, de no hacerlo por Pepito o Lusito, ni con Pepito o Luisito, hablaré otro día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario