Antes de seguir, conviene establecer las únicas bases posibles para una buena dieta: hambre y ejercicio. Vale, sí, comer menos y quemar más. Como se quiera. Pero lo que está claro es que sin una restricción calórica (en cristiano, pasar hambre) no hay adelgazamiento posible. Incluso sin hacer ejercicio, comer menos hace posible adelgazar. A las huelgas de hambre me remito. Lo que no se puede, de ninguna manera, es comer de más y perder peso.
Así que no hay otra. Y para poder comer menos, lo que es imprescindible es mentalizarse. Hablo por propia experiencia. de nada sirve acometer un régimen, cualquiera, si antes no se ha realizado una profunda reflexión sobre una misma y lo que se desea. Yo me he pasado el último año y pico analizándome y cambiando muchos conceptos erróneos sobre mi misma antes de emprender esta (espero) última dieta. No digo que haya que estar un año conociéndose a una misma antes de empezar a hacer régimen. Esto lo he hecho yo, pero cada persona es única y sólo ella sabe lo que necesita. Se me echarán encima los médicos, los que viven de entregarte un papelito fotocopiado con el mismo aburrimiento de siempre de 100 gramos de pollo a la plancha y 200 de judías verdes, sin aliño. No, no y no.
¿Quieres adelgazar? Mírate al espejo. ¿De veras quieres adelgazar? Pues lo primero, quiérete y destierra de tu vida el NO y cámbialo por un SÍ.
Yo comencé pensando que ya era mayor para preocuparme por mi tipo. Pero, ¿cuándo se es mayor? Nunca es tarde para cambiar, para dar un giro a tu vida, para reinventarse. Sí, parece un titular de una revista femenina, pero es así. Nunca es tarde para casi nada.
Mírate, conócete y decide qué es lo que quieres. En mi caso, perder tres tallas de ropa. En kilos, no sé, porque lo que a mi me amarga es entrar en Zara y no poderme comprar nada. ¿Y cómo quiero perder esas tallas? Como todas, sin sufrir. Es imposible. Hay que sufrir y yo he elegido hacerlo lo menos posible, por lo que me toca adelgazar despacio. Me he hecho mi propia dieta, la que yo puedo llevar, la que me cuesta pero no tanto, la mía. Para ello ha habido decenas de intentos de otras dietas, rápidas, lentas, de médicos, de libros, de revistas, de amigas, de proteínas, de vitaminas... También como todas habréis hecho. Hasta llegar aquí, a este punto 2011, ha habido muchos fracasos y mucho rebote: kilos de más y de más que se han ido acumulando hasta hacerme lo que soy. La que no me gusto. Y eso es lo que voy a cambiar, voy a gustarme. No quiero ser delgada, me gusta tener unos kilillos de más, pero quiero gustarme. A mi. Y de eso, del gustarse, de no hacerlo por Pepito o Lusito, ni con Pepito o Luisito, hablaré otro día.
martes, 1 de febrero de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
Si pongo un circo...
... me crecen los enanos. Es la ley de Murphy: empiezas una dieta y los amigos organizan una cena, en la oficina traen unos pastelillos o te estresas tanto que como no te tomes dos copas de vino te echas a llorar. En fin, los hados se conjuran y te hacen la vida-dieta imposible. En esta mi segunda intentona, hoy he pasado por uno de los departamentos de mi trabajo que habían abierto una caja de galletas (de esas de mantequilla, claro) y luego una compañera de otro departamento me ha acercado unos hojaldres. No sé si cuando tomas la decisión te aparece un cartel rojo en la frente con la leyenda “Estoy preparada para caer en la tentación”, pero el caso es que es dificilísimo mantenerse firme. Lo reconozco, he tomado una galleta y medio hojaldre. Pues sí. Qué ricos. Y sigo con la verdurita al vapor para cenar. Llevo cuatro días (en mi segundo intento) y seguiré con ello todo lo que pueda.
La idea es ir añadiendo ingredientes para el adelgace poco a poco. Una vez que me asegure que aguanto con las primeras premisas (ni pan, ni patatas, ni alcohol; y cena de verduritas al vapor) sin que me entre la depre o sienta compasión de mi misma, ampliaré las restricciones y añadiré gasto calórico, es decir, ejercicio. Me he propuesto salir a caminar 20 minutos mínimo, a la hora de comer. Sin prisa pero sin pausa. Ya lo iba a hacer la semana pasada, pero (¡oh, Murphy!) vino una ola de frío polar a truncar mis buenas intenciones. Y que no se va. Dicen que a partir del domingo. Si es así, el lunes añadiré el paseo. Y seguiré contando.
La idea es ir añadiendo ingredientes para el adelgace poco a poco. Una vez que me asegure que aguanto con las primeras premisas (ni pan, ni patatas, ni alcohol; y cena de verduritas al vapor) sin que me entre la depre o sienta compasión de mi misma, ampliaré las restricciones y añadiré gasto calórico, es decir, ejercicio. Me he propuesto salir a caminar 20 minutos mínimo, a la hora de comer. Sin prisa pero sin pausa. Ya lo iba a hacer la semana pasada, pero (¡oh, Murphy!) vino una ola de frío polar a truncar mis buenas intenciones. Y que no se va. Dicen que a partir del domingo. Si es así, el lunes añadiré el paseo. Y seguiré contando.
lunes, 24 de enero de 2011
Ahora sí
Iba a empezar este blog el uno de enero, coincidiendo con el inicio de esos buenos deseos para el nuevo año expresados fervientemente con una copa de cava en la mano mientras suenan las doce campanadas. Cambio de año, cambio de vida. A lo largo del tiempo he ido reduciendo los deseos hasta quedarme con uno, el único, el no conseguido jamás: adelgazar. Esta vez sí, esta vez es la buena. Así lo creí, ya que se conjuntaban varios factores que lo hacían posible. El más importante, mi próximo cumpleaños a cinco meses vista en el que caerá la nada desdeñable cifra de 50. Medio siglo, ¿la mitad de mi vida? Este es el momento, me dije.
Llegada a esta edad, una ya sabe todo lo que tiene que saber sobre las dietas. Sobre todo porque ha empezado en la adolescencia. Entonces inducida por mi padre, que adoraba a las mujeres flacas y huesudas. Miro las fotos de entonces y quién me diera ahora esas proporciones, esos dos o tres kilos de más. No estaba gorda, ni de lejos, pero mi padre quería que yo estuviera flaca (algo que con el tiempo he descubierto que es harto imposible, por mi estructura ósea, por mi forma del cuerpo). Y al médico que me llevó. Un médico amigo que me hizo mi primera dieta, aburridísima. Y me recetó las primeras pastillas milagrosas, anfetaminas.
Entre una y otras supongo que perdí kilos, pero en plena ebullición de hormonas lo que hice inmediatamente después fue coger algunos más. Y empezar la carrera de la báscula, de las dietas, de la búsqueda del ideal físico de otros. Yo no estaba descontenta con mi cuerpo, sólo en la medida en que otros lo estaban. Y así ha sido hasta este último año.
Por razones que se me escapan, 2010 ha sido el año de tomar conciencia de mi misma. De mirarme y decidir yo cómo quiero verme. Claro que no ha sido en 2010 de repente, esto viene de un proceso más largo del que habrá tiempo de hablar.
El caso es, para terminar, que quería escribir el blog y lo he ido retrasando. Mientras, he seguido sin apenas esfuerzo mi propia dieta (básicamente no pan, no patatas fritas y no alcohol, y cenar verduras al vapor) y ya empezaba a disfrutar de sus resultados. Hasta el viernes 21 de enero en que una sucesión de disgustos laborales, quizá también el frío y hasta el peso de tres semanas enteras de privación, me llevaron de nuevo a la botella de rioja, la bolsa de patatas fritas, la barra de pan con foie y el helado de postre. Un viernes noche tremendo llevó a un sábado demoledor y a un domingo de consuelo en modus chocolate. Resumiendo, un fin de semana echada a perder.
Así que me he levantado este lunes y he resuelto que ahora sí. Y en mi cabeza ha aparecido el nombre de este blog, que llevaba tres semanas buscando. Ahora sí.
Empezamos de cero: ni pan, ni patatas fritas, ni alcohol.
Mañana más. Os contaré mi dieta y mis propósitos. No soy un gurú, no soy endocrina, pero algo de conocimiento si me adjudico tras más de tres décadas a dieta(s). Como todas, ¿verdad? Hablaremos también sobre ello. Y sobre lo que queráis.
Llegada a esta edad, una ya sabe todo lo que tiene que saber sobre las dietas. Sobre todo porque ha empezado en la adolescencia. Entonces inducida por mi padre, que adoraba a las mujeres flacas y huesudas. Miro las fotos de entonces y quién me diera ahora esas proporciones, esos dos o tres kilos de más. No estaba gorda, ni de lejos, pero mi padre quería que yo estuviera flaca (algo que con el tiempo he descubierto que es harto imposible, por mi estructura ósea, por mi forma del cuerpo). Y al médico que me llevó. Un médico amigo que me hizo mi primera dieta, aburridísima. Y me recetó las primeras pastillas milagrosas, anfetaminas.
Entre una y otras supongo que perdí kilos, pero en plena ebullición de hormonas lo que hice inmediatamente después fue coger algunos más. Y empezar la carrera de la báscula, de las dietas, de la búsqueda del ideal físico de otros. Yo no estaba descontenta con mi cuerpo, sólo en la medida en que otros lo estaban. Y así ha sido hasta este último año.
Por razones que se me escapan, 2010 ha sido el año de tomar conciencia de mi misma. De mirarme y decidir yo cómo quiero verme. Claro que no ha sido en 2010 de repente, esto viene de un proceso más largo del que habrá tiempo de hablar.
El caso es, para terminar, que quería escribir el blog y lo he ido retrasando. Mientras, he seguido sin apenas esfuerzo mi propia dieta (básicamente no pan, no patatas fritas y no alcohol, y cenar verduras al vapor) y ya empezaba a disfrutar de sus resultados. Hasta el viernes 21 de enero en que una sucesión de disgustos laborales, quizá también el frío y hasta el peso de tres semanas enteras de privación, me llevaron de nuevo a la botella de rioja, la bolsa de patatas fritas, la barra de pan con foie y el helado de postre. Un viernes noche tremendo llevó a un sábado demoledor y a un domingo de consuelo en modus chocolate. Resumiendo, un fin de semana echada a perder.
Así que me he levantado este lunes y he resuelto que ahora sí. Y en mi cabeza ha aparecido el nombre de este blog, que llevaba tres semanas buscando. Ahora sí.
Empezamos de cero: ni pan, ni patatas fritas, ni alcohol.
Mañana más. Os contaré mi dieta y mis propósitos. No soy un gurú, no soy endocrina, pero algo de conocimiento si me adjudico tras más de tres décadas a dieta(s). Como todas, ¿verdad? Hablaremos también sobre ello. Y sobre lo que queráis.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)